venerdì 11 luglio 2008

Proyecto Haarp, conspiraciones


Soy una apasionada de lo oculto y sobre todo de los temas de conspiraciones políticas y espionaje a nivel mundial. Me picó el gusanillo hace mucho tiempo, cuando empecé a escuchar a Iker Jiménez . Este artículo sobre el proyecto Haarp lo escribí en uno de mis cuadernos hace un tiempo, y creo que merece la pena rescatarlo ya que es un tema desde luego interesante.





¿Tienen alguna explicación los fenómenos del Katrina, el tsunami y las tormentas tropicales que se han producido en algunas ocasiones en las Islas Canarias? Cuando un desastre natural ocasiona una desgracia, encontramos consuelo en pensar que nada se puede hacer ante las fuerzas de la naturaleza, pues éstas son incontrolables. O eso creemos. Porque muchos científicos sostienen que, aunque suene a ciencia ficción, los fenómenos metereológicos del planeta son controlados desde un apartado y gélido lugar del planeta.
Cualquiera que tenga en su casa un aparato radiotransmisor podría escuchar, más o menos en la frecuencia 7, las extrañas retransmisiones de la emisora del Proyecto Haarp. Una relación de coordenadas relacionadas con diversos lugares del planeta es todo lo que prácticamente se puede escuchar en esta emisora. Y no es una radio normal. Su señal es 10.000 veces superior a las emisoras más potentes de España, como Cadena Ser o RNE.

El Proyecto Haarp se asienta en Gakona, en la fría Alaska. De cara a la galería, el Gobierno de Estados Unidos lo ha definido como un asentamiento de alta tecnología militar. Se empezó a gestar durante la Guerra Fría y, tras varios precedentes como el proyecto ROTHR, fue aprobado en los 90 por el Congreso Norteamericano. Las tres funciones a las que oficialmente se destinó fueron las siguientes: mejorar las comunicaciones con los submarinos nucleares estratégicos de la armada de los Estados Unidos, poder bloquear las comunicaciones enemigas, incluso en situación de no impulso magnético, y poder realizar incursiones de termografavanzadas, como por ejemplo poder detectar arsenares nucleares (o de cualquier otro tipo) a una profundidad de 1.000 kilómetros. Sin duda, la participación en él de la Fuerza Aérea y la Marina norteamericana lo hacen especialmente sospechoso.

Y más si empezamos a recabar datos extraoficiales, los que ninguna autoridad de Estados Unidos se ha atrevido a verificar. Las instalaciones cuentan con 180 antenas, las cuales en conjunto emiten 1 GW =1.000.000.000 W, es decir, mil millones de ondas de radio de alta frecuencia. Éstas, según los expertos, son capaces de penetrar en la atmósfera inferior e interactuar con la corriente de las ráfagas eléctricas que producen las auroras. El hecho de que se esté desarrollando en Alaska no es por casualidad. Se propuso aprovechar los excedentes de gas natural de Alaska para abastecer el mayor el mayor calentador ionosférico de la tierra. Este calentador según el científico español Tous Borrás “se encargaría de lanzar haces de energelectromagnéticos (ondas de baja frecuencia) a la ionosfera, que al colisionar con la capa de la atmósfera provocarían un efecto espejo, un espejo energético” Sin duda, una manipulación climática a todas luces.

No es ciencia ficción, repito, el pensar que estas antenas tendrían el poder de manejar el clima del planeta. Incluso se ha llegado a afirmar que las ondas de baja frecuencia, a tal intensidad, serían capaces hasta de controlar diversos procesos cerebrales o alterar la conciencia. Es sabido por todos que el exceso de radiación electromagnética es perjudicial en extremo para el ser humano.

En definitiva, bajo la aparente normalidad que el Gobierno de EEUU ha calificado el proyecto HAARP, parece encontrase una peligrosa arma geofísica y de control mental. Dicen que el siglo XXI es el siglo de las guerras silenciosas, aquellas que sin que nos demos cuenta alienarán poco a poco al ser humano.

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